La ciudad de Almería, capital de la provincia homónima, se contempla mejor desde las alturas de la Alcazaba, donde el caserío desciende hacia un puerto abierto al Mediterráneo y las montañas anuncian los paisajes áridos del sureste peninsular. La intensa luminosidad, las fachadas encaladas y la escasez de lluvias otorgan a la ciudad una apariencia distinta a la de otras capitales andaluzas. No obstante, bajo ese carácter meridional y marítimo conviven restos andalusíes, fortificaciones cristianas, arquitectura industrial y refugios excavados durante la Guerra Civil.

La ciudad fue fundada oficialmente en el año 955 por Abderramán III para proteger y desarrollar el puerto de Bayyana, origen de la actual Pechina. Al-Mariyya alcanzó una notable prosperidad durante los siglos XI y XII gracias al comercio de tejidos, cerámica y productos agrícolas. Tras ser conquistada por los Reyes Católicos en 1489, sufrió terremotos, ataques y periodos de decadencia antes de experimentar una nueva expansión vinculada a la minería, la exportación de uva y la llegada del ferrocarril durante el siglo XIX.

En este artículo, vamos a viajar para descubrir qué ver en Almería, una ciudad donde las huellas de cada etapa aparecen a poca distancia del mar. Para ello, ascenderemos a la Alcazaba, recorreremos la antigua medina y entraremos en una catedral concebida también como fortaleza. La ruta continuará por los refugios de la Guerra Civil, el Cable Inglés, los museos y el paseo marítimo, sin olvidar la relación de la provincia con el cine.

La Alcazaba, la muralla de Jayrán y el cerro de San Cristóbal

La Alcazaba constituye el monumento más importante de Almería y una de las mayores fortalezas andalusíes conservadas en España. Su construcción comenzó durante el califato de Abderramán III y fue ampliada en etapas posteriores para proteger la ciudad, albergar dependencias administrativas y servir como residencia de sus gobernantes. El conjunto se distribuye en tres recintos sucesivos, unidos mediante puertas, murallas y desniveles que permiten comprender tanto su función defensiva como la organización palaciega de la antigua Al-Mariyya.

  • El primer recinto incluye jardines, aljibes y espacios reformados sobre el antiguo campamento militar.
  • En el segundo se concentraban las dependencias palaciegas, las viviendas, los baños y la mezquita, posteriormente transformada en la ermita de San Juan.
  • El tercero fue levantado por los Reyes Católicos después de la conquista y presenta una apariencia más claramente cristiana, con torres semicirculares y un patio de armas.

Desde la Alcazaba parte la muralla de Jayrán, construida durante el siglo XI para cerrar y defender los arrabales de la ciudad. El lienzo asciende por el barranco de la Hoya hasta el cerro de San Cristóbal, donde permanecen varias torres y una imagen del Sagrado Corazón. El parque de la Hoya, recuperado entre ambas elevaciones, permite observar la fortificación desde abajo para comprender mejor su escala.

La medina, la Plaza Vieja y la catedral fortificada

A los pies de la Alcazaba se extendía la medina musulmana, formada por calles estrechas y viviendas protegidas del sol. Aunque su trazado se transformó tras la conquista cristiana, todavía puede reconocerse parte de aquel carácter en el barrio de la Almedina. La iglesia de San Juan conserva el muro de la quibla y el mihrab de la antigua mezquita mayor, uno de los testimonios andalusíes más valiosos de la ciudad.

La Plaza Vieja, oficialmente plaza de la Constitución, fue durante siglos el centro cívico y comercial. Sus soportales rodean un espacio presidido por el Ayuntamiento y el monumento a los Mártires de la Libertad, conocido popularmente como el Pingurucho. Desde allí puede continuarse por las calles del casco histórico hasta la plaza de la Catedral.

La catedral de la Encarnación destaca por sus muros robustos, sus contrafuertes y las torres defensivas que le confieren apariencia de fortaleza. Este templo comenzó a construirse en el siglo XVI después de que un terremoto dañara el anterior, en una época marcada por la amenaza de incursiones procedentes del Mediterráneo. El interior reúne elementos góticos, renacentistas y barrocos, además de un claustro neoclásico.

Puerta de Purchena, los refugios y el centro urbano

La Puerta de Purchena señala el corazón de la Almería contemporánea, aunque su nombre recuerda uno de los accesos desaparecidos de la antigua muralla. En la plaza sobresale la Casa de las Mariposas, edificio levantado a comienzos del siglo XX y reconocible por la decoración de su torre. Desde este punto parte el paseo de Almería, eje comercial flanqueado por fachadas burguesas y comercios, y, muy cerca se encuentran los Aljibes de Jayrán, construidos para garantizar el abastecimiento de agua durante la etapa islámica.

Bajo las calles del centro se extiende una extensa red de refugios construida durante la Guerra Civil para proteger a la población de los bombardeos. Los Refugios de Almería conservan alrededor de un kilómetro visitable de galerías, aunque el sistema original superaba ampliamente esa longitud. El recorrido permite conocer su organización, los bancos utilizados durante las alarmas y un pequeño quirófano.

La ruta urbana puede continuar hacia el Mercado Central, instalado en un edificio de hierro y cristal del siglo XIX donde se venden pescados, verduras, carnes y productos de la provincia. Después conviene cruzar la rambla de Federico García Lorca, gran avenida ajardinada que canaliza las aguas torrenciales y enlaza la zona alta con el puerto. Entre sus esculturas, fuentes y paseos se percibe la transformación moderna de Almería.

El Cable Inglés, los museos y la relación de Almería con el cine

El Cable Inglés se adentra en el mar junto a la playa de las Almadrabillas como un enorme vestigio de la industrialización almeriense. Este cargadero de mineral, inaugurado en 1904, permitía trasladar directamente hasta los barcos el hierro transportado en tren desde las explotaciones del interior. Su estructura de hierro, madera y piedra, crea una imagen inconfundible sobre la bahía. Tras su restauración, una pasarela permite recorrer parte del monumento y observar desde una posición elevada el puerto, la ciudad y el litoral.

Además, para profundizar en etapas mucho más antiguas resulta imprescindible el museo de Almería, con colecciones arqueológicas que prestan especial atención a Los Millares y El Argar, culturas fundamentales para comprender la Prehistoria del sureste peninsular. El museo emplea recursos visuales, recreaciones y piezas originales para explicar la aparición de sociedades complejas, los rituales funerarios y la transformación de los asentamientos. La oferta se completa con el museo de la Guitarra Antonio de Torres, el Centro Andaluz de la Fotografía y el museo del Realismo Español Contemporáneo.

Almería también ocupa un lugar singular en la historia del cine. Los paisajes de la provincia sirvieron como escenario para producciones internacionales, especialmente desde la década de 1960, cuando se rodaron wésterns, aventuras y películas históricas. La Casa del Cine recuerda esa etapa en un antiguo cortijo donde se alojaron intérpretes y músicos como John Lennon.

El Zapillo, las playas y el frente marítimo

Almería mantiene una relación cotidiana con el Mediterráneo que se aprecia especialmente en el barrio del Zapillo. Sus calles desembocan en una extensa playa urbana acompañada por un paseo marítimo frecuentado durante todo el año. La arena comienza a poca distancia del centro y permite disfrutar de una mañana monumental con un baño o una caminata frente al mar.

Hacia el este, el paseo enlaza con la playa de Nueva Almería y se aproxima a la desembocadura del río Andarax. Más allá aparecen Costacabana, El Alquián y Retamar, núcleos costeros pertenecientes al municipio. El Toyo presenta un urbanismo más reciente, con amplias zonas verdes, hoteles y senderos próximos a la playa.

Al oeste del centro se encuentran el puerto pesquero, las instalaciones comerciales y el parque Nicolás Salmerón, una franja verde que separa el casco histórico de los muelles. Desde allí resulta sencillo regresar a la catedral o adentrarse nuevamente en la Almedina.

Lugares que visitar en los alrededores de Almería

El parque natural de Cabo de Gata-Níjar constituye la excursión imprescindible que hacer desde Almería. Su origen volcánico ha creado acantilados, calas, arrecifes y paisajes áridos de enorme personalidad. Desde la capital puede comenzarse por las salinas y el observatorio de aves, continuar hasta la iglesia de Las Salinas y alcanzar el faro del cabo de Gata junto al arrecife de las Sirenas. Más adelante aparecen localidades como San José y playas tan conocidas como Genoveses y Mónsul, cuyos accesos pueden regularse durante los periodos de mayor afluencia.

Hacia el interior, el desierto de Tabernas muestra cárcavas, ramblas secas y montañas erosionadas que sirvieron como escenario para numerosas películas. Algunos antiguos poblados cinematográficos funcionan actualmente como espacios temáticos, mientras diferentes rutas permiten conocer el paisaje natural sin decorados. Otra alternativa es visitar el yacimiento de Los Millares, en Santa Fe de Mondújar, uno de los asentamientos más importantes de la Edad del Cobre en Europa.

Por su parte, Níjar conserva un casco tradicional de viviendas blancas, talleres artesanos y tiendas donde se venden jarapas y piezas de cerámica. Algo más lejos, la Alpujarra almeriense reúne pueblos escalonados al pie de Sierra Nevada, entre ellos Laujar de Andarax y Fondón. Quienes busquen costa urbana pueden desplazarse a Aguadulce o Roquetas de Mar, donde hay playas, puertos deportivos y, el castillo de Santa Ana. Esta variedad permite utilizar Almería como base para descubrir espacios volcánicos, desiertos, yacimientos prehistóricos y pueblos separados por distancias relativamente reducidas.