La nueva Abama Golf Academy marca un punto de inflexión dentro de Abama Resort porque no se presenta solo como una mejora interna, sino como una declaración de intenciones. El proyecto sitúa la formación en el centro de la experiencia y plantea el golf no únicamente como práctica deportiva, sino como parte de una estancia más completa, más cuidada y más alineada con la manera en que hoy se viaja. Quien se desplaza para jugar al golf de vacaciones ya no busca solo un buen campo, ya que quiere servicio, aprendizaje, paisaje, descanso y la sensación de que todo encaja dentro de una misma experiencia. En ese terreno, la nueva academia de Abama golf refuerza su identidad con una propuesta que mira al presente sin perder el peso del lugar en el que nace.

Ese cambio también conecta con una tendencia muy visible en el turismo de golf. Cada vez más viajeros escogen destinos donde puedan mejorar su técnica, desconectar de la rutina y alojarse en entornos donde el bienestar no sea un añadido, sino parte del viaje. El golf ha dejado de asociarse únicamente a la competición o al juego ocasional, integrándose cada vez más en escapadas que mezclan deporte, gastronomía, clima, relajación y tiempo para uno mismo. Por eso, este centro dentro de un resort como Abama no habla solo de enseñanza, habla de un tipo de viaje que valora la calidad del entorno tanto como la calidad del entrenamiento.

En ese contexto, esta nueva etapa de la academia adquiere un sentido especial. No se limita a ofrecer un espacio, sino que se presenta como una evolución dentro de un resort que quiere consolidarse como referencia para quienes entienden el golf como una experiencia global.

Turismo de golf en auge: Cuando viajar también significa aprender, desconectar y cuidarse

Para comprender la importancia de este centro, hay que entender el crecimiento del turismo de golf, que tiene mucho que ver con la forma en que han cambiado las escapadas en los últimos años. Hoy, una parte importante del viajero no se conforma con desplazarse a un destino o a un hotel cómodo; busca experiencias con contenido, actividades que aporten algo y entornos donde el descanso no esté reñido con el aprendizaje. En ese cambio, el golf ha encontrado un terreno muy fértil, porque no se entiende únicamente como una práctica deportiva ligada al calendario del jugador habitual, sino como una motivación de viaje en sí misma.

Se viaja para jugar, sí, pero también para mejorar, para desconectar, para dormir bien y para dedicarse tiempo de calidad. Esa evolución explica por qué cada vez tiene más sentido hablar del golf junto a conceptos como relajación, bienestar o retiro personal. Muchos viajeros valoran la posibilidad de empezar el día entrenando, continuar con una comida de calidad, pasar por un circuito de spa o simplemente disfrutar de un entorno que ayude a bajar el ritmo.

El lujo, en este contexto, ya no pasa solo por la estética o por el servicio, sino por la posibilidad de vivir una experiencia completamente equilibrada. El deporte no se opone al descanso; al contrario, puede convertirse en una de sus formas más satisfactorias cuando se practica en un lugar preparado para acompañar todo lo demás.

En Abama Hotels han aprendido muy bien sobre esa corriente, reuniendo varios elementos que hoy resultan especialmente atractivos para este tipo de viajero. Hay campo, formación de alto nivel, un paisaje de ensueño, un alojamiento de máxima calidad y una atmósfera que favorece la desconexión sin caer en la pasividad. La nueva academia refuerza precisamente esa idea de viaje con propósito: no se llega solo para alojarse o jugar una ronda, sino para vivir unos días en los que el golf estructura la experiencia sin agotarla.

Una academia pensada para todos los niveles – Formación, metodología y aprendizaje personalizado

Uno de los aspectos más interesantes de la Abama Golf Academy es que no está concebida solo para un perfil de jugador muy concreto. La propuesta abre la puerta tanto a quienes ya tienen recorrido en el golf como a quienes se acercan por primera vez a este deporte y quieren hacerlo en un entorno exigente pero accesible. Esa amplitud importa, porque cambia el tono de la academia. No se trata de un espacio pensado únicamente para perfeccionar pequeños detalles técnicos de jugadores avanzados, sino de una estructura formativa que entiende que cada alumno llega con necesidades distintas, ritmos distintos y expectativas diferentes.

La formación se plantea desde una metodología más ordenada, más personalizada y más conectada con lo que hoy busca el jugador. Aprender golf ya no consiste solo en repetir movimientos hasta mecanizarlos, sino en entender mejor el juego, ganar confianza, corregir hábitos y trabajar con una visión más completa del rendimiento. La técnica, la precisión, la mentalidad y la lectura del campo forman parte de un proceso que necesita acompañamiento real y no fórmulas genéricas. En una academia de este tipo, el valor está precisamente en eso, en ofrecer una enseñanza que no trate a todos por igual, sino que sea capaz de afinar según el nivel, los objetivos y la evolución de cada persona.

En este contexto, la incorporación de Victor Dubuisson aporta a Abama Golf Academy algo más que un nombre conocido, uniéndose a Anthony Picard y Elliot Thom para el desarrollo de programas de entrenamiento. Su presencia funciona como un símbolo claro del nivel al que quiere situarse el proyecto y refuerza la idea de que esta nueva etapa aspira a tomarse la formación en serio. En muchos lanzamientos de este tipo, la figura del embajador queda reducida a imagen, prestigio o acompañamiento puntual. Pero, en este caso, la propuesta apunta a una implicación más vinculada al contenido de la academia y al desarrollo de su visión formativa

La trayectoria de Dubuisson encaja en ese mensaje de exigencia técnica y mirada moderna sobre el golf. Su carrera, marcada por la competición al máximo nivel, proyecta un desarrollo basado en disciplina, conocimiento del juego y contacto directo con escenarios de alta exigencia. Esa experiencia resulta valiosa no solo por lo que representa en términos de prestigio, sino por lo que puede trasladar a una academia que quiere crecer con una metodología sólida.

Nuevas instalaciones y una experiencia de entrenamiento más completa

La nueva etapa de la academia no se apoya únicamente en nombres o en una renovación de discurso, ya que también viene acompañada de mejoras concretas en las instalaciones. Esto es algo fundamental cuando se habla de formación de golf con vocación seria, la creación de un proyecto de aprendizaje que gana mucha fuerza cuando la infraestructura está a la altura. En Abama, esa premisa se traduce en una apuesta por afinar la experiencia desde el primer golpe, con cambios pensados para que cada sesión resulte más precisa, más útil y más conectada con los estándares actuales del juego.

Entre las novedades más relevantes destaca la creación de un espacio específico orientado al fitting, es decir, al ajuste personalizado del material. Puede parecer un detalle secundario para quien no esté familiarizado con el golf, pero en realidad marca una diferencia enorme. Jugar con un equipamiento adaptado a la técnica, al swing y a las características de cada persona no solo mejora el rendimiento; también cambia la manera en que se aprende y se evoluciona.

A eso se suma la actualización de la zona de prácticas y una atención más cuidada a la calidad general del entrenamiento. En el golf, el entorno en el que uno practica condiciona muchísimo la confianza, la concentración y la sensación de avance. Por eso, contar con un área bien atendida, materiales de nivel y una estructura pensada para sacar partido de cada sesión tiene un valor real. La nueva Abama Golf Academy construye así una experiencia de entrenamiento más completa, donde instalación, equipamiento y acompañamiento trabajan en la misma dirección, reforzando la sensación de estar ante un proyecto que quiere crecer con bases sólidas, no solo con buena imagen.